Bajo la nueva dirección de Kirsty Coventry, el COI ha decidido tomar las riendas de un tema que durante años evitó centralizar: la elegibilidad transgénero. Este sábado, desde los Alpes italianos, se confirmó que el movimiento deportivo mundial ha llegado a un consenso para aplicar reglas consistentes en todas las disciplinas. Se prevé que la nueva normativa, que se publicará en los próximos meses, sea mucho más estricta en la preservación de la categoría femenina como un espacio biológicamente equitativo.
El portavoz Mark Adams fue enfático al señalar que la fase de consulta ha concluido con éxito. El consenso alcanzado indica que la participación de atletas transgénero que vivieron la pubertad masculina se verá severamente limitada en las competencias femeninas. Esta postura refleja una tendencia creciente en federaciones como el rugby y la natación, que ya habían comenzado a legislar basándose en estudios sobre la ventaja física residual, incluso después de tratamientos de supresión hormonal o transiciones médicas.
La historia olímpica ha visto casos aislados como el de la pesista neozelandesa Laurel Hubbard en Tokio 2021, quien compitió bajo las normas previas que dependían de los niveles de testosterona. Sin embargo, la nueva política uniforme buscará alejarse de métricas variables para enfocarse en criterios de desarrollo biológico más estables. Para el COI, el reto es mayúsculo: crear una norma que sea respetuosa con los derechos individuales pero que garantice que ninguna atleta nazca con una ventaja insuperable por razones de desarrollo puberal.
Un factor externo determinante es la posición de Estados Unidos, sede de los próximos Juegos de Verano. La administración de Donald Trump ha endurecido las leyes nacionales, prohibiendo la participación transgénero en deportes femeninos escolares y profesionales. El compromiso de Trump de no permitir atletas transgénero en Los Ángeles 2028 coloca al COI en una carrera contrarreloj para alinear sus normas internacionales con las realidades legales de los países anfitriones, evitando crisis diplomáticas y deportivas en el futuro cercano.
En la segunda mitad de 2026, el enfoque se trasladará a la implementación técnica a través del grupo de trabajo liderado por Coventry. Este organismo será el encargado de supervisar que la transición hacia la nueva norma sea fluida y que las federaciones deportivas internacionales adopten el código sin fisuras. Con este anuncio, el COI cierra un largo periodo de incertidumbre y abre un capítulo donde la integridad de la categoría femenina se convierte en la prioridad máxima de la gobernanza deportiva global.






