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El 2 de octubre de 1968 se registró uno de los episodios más trágicos de la historia contemporánea de México: la matanza en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México. En el contexto del movimiento estudiantil que exigía libertades políticas, la liberación de presos políticos y el cese de la represión militar en las universidades, miles de jóvenes y familias se congregaron en un mitin pacífico. 

La manifestación fue brutalmente reprimida por miembros del Ejército Mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia, quienes abrieron fuego contra la multitud, dejando un saldo de cientos de muertos, heridos y detenciones arbitrarias bajo la administración del presidente Gustavo Díaz Ordaz.

La emblemática frase «¡2 de octubre no se olvida!» surgió en las semanas y años posteriores a la tragedia como un clamor popular y una consigna de resistencia civil y memoria histórica. Nació frente a la versión oficial implantada por el Estado, la cual pretendió minimizar el número de víctimas y censurar la cobertura periodística de los hechos. 

Adoptada por el Consejo Nacional de Huelga (CNH), sobrevivientes, familiares de las víctimas y generaciones posteriores de estudiantes, la frase se consolidó como un símbolo de la lucha contra la impunidad, el autoritarismo gubernamental y el silencio forzado.

Selección cinematográfica sobre el 2 de octubre

1. El grito (1968): Documental dirigido por Leobardo López Arretche y realizado por estudiantes del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC, hoy ENAC-UNAM). Registra en tiempo real las asambleas, marchas, discursos y la represión militar del movimiento estudiantil desde sus inicios hasta el desenlace en Tlatelolco. Es el testimonio audiovisual directo más valioso del movimiento de 1968. Rodado desde las entrañas de la protesta social, sus latas de cinta fueron resguardadas de la incautación oficial, convirtiéndose en el documento histórico por excelencia del periodismo cinematográfico independiente en México.

2. Rojo amanecer (1989): Drama de ficción dirigido por Jorge Fons y protagonizado por Héctor Bonilla y María Rojo. Transcurre íntegramente dentro de un departamento del edificio Chihuahua en Tlatelolco, donde una familia de clase media vive los angustiosos momentos de la balacera en el exterior y el posterior cateo armado de los militares. Es una obra maestra del cine de espacio confinado y el primer largometraje de ficción en romper abiertamente la censura sobre el tema. A pesar de los intentos del gobierno por enlatarla, se convirtió en un hito de valentía artística al plasmar el horror, la conmoción y el quiebre de las familias mexicanas durante esa noche.

3. Canoa (1976): Dirigida por Felipe Cazals, dramatiza el linchamiento real de cinco empleados de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) ocurrida en San Miguel Canoa, Puebla, en septiembre de 1968, tras ser acusados falsamente de ser «comunistas» por el cura del pueblo. Aunque no retrata la Plaza de las Tres Culturas directamente, contextualiza a la perfección el clima de paranoia, desinformación y discurso de odio promovido por las autoridades e instituciones conservadoras en las semanas previas a la masacre de Tlatelolco.

4. Tlatelolco, verano del 68 (2013): Dirigida por Carlos Bolado, relata una historia de amor entre dos estudiantes de distintas clases sociales (una joven de clase alta y un estudiante de la UNAM de orígenes humildes) durante los meses de efervescencia política previos a los Juegos Olímpicos. Logra reconstruir con rigor de época los ambientes universitarios, los mecanismos del poder político y el grupo de inteligencia estatal de la época, haciendo accesible el contexto social del 68 para las nuevas generaciones a través del drama narrativo.

5. Borrar de la memoria (2010): Thriller Político-dramático dirigido por Alfredo Gurrola. Sigue la investigación de un periodista en el presente que intenta esclarecer la extraña muerte de una joven activista involucrada en el movimiento de 1968, destapando los hilos del ocultamiento sistemático por parte de la inteligencia del Estado. Aborda las consecuencias a largo plazo de la represión y cómo los mecanismos represivos del gobierno operaron durante décadas para encubrir la verdad, abordando el concepto del trauma colectivo y la búsqueda tardía de justicia.

La importancia de la memoria histórica

Preservar la memoria histórica sobre el 2 de octubre trasciende la mera conmemoración trágica; representa una herramienta indispensable para la construcción democrática y la garantía de no repetición de crímenes de Estado en México. 

Recordar la matanza de Tlatelolco visibiliza el costo que tuvo la exigencia de derechos fundamentales, como la libertad de expresión, el derecho a la huelga y la autonomía universitaria, y sirve como freno frente al abuso de poder. 

Al mantener viva la verdad documentada frente a los intentos revisionistas, la sociedad no solo rinde tributo a las víctimas, sino que afirma que el acceso a la justicia y los derechos humanos son pilares innegociables para el presente y las futuras generaciones.