El primer ministro de Canadá, Mark Carney, evalúa la posibilidad de que su país se convierta en «miembro asociado» de la Unión Europea, en respuesta directa al grave deterioro comercial y diplomático con Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump.
Según informes de funcionarios europeos y canadienses citados por el Wall Street Journal, el bloque comunitario explora la creación de un estatuto especial inédito para integrar a Ottawa, ante la escalada de una guerra comercial que afecta a decenas de miles de millones de dólares en intercambios transfronterizos.
Las conversaciones bilaterales contemplan permitir la libre circulación de bienes, servicios y trabajadores en cadenas de suministro estratégicas clave, abarcando sectores como energía, inteligencia artificial, defensa y minerales críticos. Asimismo, los planes incluyen el desarrollo conjunto de infraestructuras digitales y energéticas, tales como cables submarinos, centros de datos y redes de satélites, además de facilitar que los ciudadanos canadienses puedan residir y laborar en territorio europeo sin visado.
No obstante, la iniciativa enfrenta importantes obstáculos políticos e institucionales. Varios Estados miembros de la Unión Europea aún no han ratificado el acuerdo comercial previo, alcanzado hace más de una década, lo que anticipa una férrea resistencia interna en Europa para concretar este nuevo y ambicioso estatus de asociación estratégica.









