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Bruno Fernandes ha tocado el cielo en Inglaterra al ser nombrado oficialmente Jugador de la Temporada de la Premier League. A sus 31 años, el internacional luso rompió una sequía de 15 años sin que un futbolista del Manchester United obtuviera este galardón individual, emulando los pasos de históricos del club como Ruud van Nistelrooy y Peter Schmeichel. Fernandes se impuso en una exigente terna que incluía a pilares del Arsenal como Declan Rice y Gabriel, consolidando un año redondo tras haber alzado previamente el premio de la FWA.

El motor de este reconocimiento radica en su impresionante volumen de juego, registrando ocho anotaciones y 20 pases de gol, con lo que igualó el récord histórico de la competición que ostentaban Thierry Henry y Kevin De Bruyne. El United, que ya amarró la tercera plaza del campeonato y el regreso a la Liga de Campeones, centrará las miradas en su capitán este domingo ante el Brighton, donde una sola asistencia más lo colocará en la cima histórica en solitario.

Paralelamente, las fuerzas básicas de la ciudad festejaron el premio de Nico O’Reilly (Manchester City) como Jugador Joven del Año, impulsado por sus goles clave y su reciente convocatoria mundialista con Inglaterra.

A pesar de los aplausos generales, la atmósfera en Old Trafford se ha tensado debido a los duros cuestionamientos sobre el liderazgo de Fernandes. La leyenda del club, Roy Keane, alzó la voz para criticar la aparente obsesión con los números personales del mediocampista, manifestando su indignación por declaraciones donde se priorizaba el pase sobre el remate directo al arco. Según Keane, enfocar la dinámica del equipo en los récords individuales resulta inadmisible para un capitán del Manchester United.

El debate queda abierto sobre si la búsqueda del récord ha canibalizado el juego colectivo del equipo en el tramo final del torneo. Keane fustigó los gestos de frustración del portugués cuando sus compañeros fallan las oportunidades creadas, acusándolo de pensar únicamente en su beneficio estético en lugar de cobijar a los delanteros en crisis.