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Tras el impedimento de la misa de Domingo de Ramos, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil acusa a Israel de violar el statu quo de los sitios sagrados; la tensión crece ante la alianza de Brasil con Irán en el bloque BRICS.

El gobierno de Brasil, encabezado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, emitió este domingo una de las condenas más enérgicas contra el Estado de Israel tras los incidentes en la Ciudad Vieja de Jerusalén. La administración brasileña calificó como un acto de «extrema gravedad» el que la policía israelí impidiera al Cardenal Pierbattista Pizzaballa oficiar la misa de Domingo de Ramos, señalando que estas acciones vulneran directamente el principio universal de libertad de culto.

A través de un comunicado de la Cancillería (Itamaraty), Brasil recordó que este bloqueo se suma a las restricciones impuestas a fieles musulmanes durante el Ramadán en la Explanada de las Mezquitas. La relación entre ambos países, ya fracturada desde que Lula calificó de «genocidio» la ofensiva en Gaza y fuera declarado persona non grata por Israel, alcanza un nuevo punto de fricción al alinearse Brasil con los intereses de Irán, su socio en el foro BRICS.

Solidaridad con Teherán

El canciller brasileño, Mauro Vieira, confirmó haber mantenido una comunicación directa con su homólogo iraní, Abás Araqchí, para expresar su solidaridad por las víctimas de los bombardeos de la coalición Israel-EE. UU. Este respaldo diplomático, respaldado por el peso económico de China y Rusia dentro de los BRICS, posiciona a Brasil como un mediador crítico que desafía la narrativa de seguridad de Washington en la región.