Una nueva oleada de bombardeos nocturnos golpeó directamente la mayor planta siderúrgica de Ucrania, situada en la ciudad industrial de Kryvyi Rih, cuna natal del presidente Volodímir Zelenski. El ataque ruso dejó un saldo de dos personas fallecidas y 14 heridas.
Como respuesta directa a estas agresiones, las fuerzas de Kiev ejecutaron un fuerte contraataque con drones kamikaze contra las inmediaciones de la capital rusa. La ofensiva sobre la región de Moscú provocó la muerte de al menos una persona y desencadenó un voraz incendio en un importante almacén logístico.
La tensión regional traspasó fronteras cuando Rumanía, nación vecina y miembro de la OTAN, se vio obligada a movilizar un caza F-18 para interceptar y derribar un dron no identificado que cruzó su espacio aéreo procedente de Moldavia. Aunque las autoridades rumanas mantuvieron cautela sobre el origen exacto del aparato, un portavoz de la Alianza Atlántica señaló fuertes indicios de que el proyectil pertenecía al arsenal de Moscú.
Este nuevo episodio de violencia confirma una peligrosa profundización del conflicto en múltiples frentes, extendiéndose más allá de los bombardeos terrestres para incluir ataques sistemáticos contra refinerías de petróleo y buques mercantes que navegan en el disputado Mar Negro. Ambas naciones continúan endureciendo sus posturas militares, elevando considerablemente el riesgo de un incidente internacional a gran escala.









