Un ataque con drones perpetrado este lunes por Ucrania contra la localidad de Nizhnekamsk, en la república rusa de Tatarstán, dejó un saldo preliminar de al menos 13 personas muertas y medio centenar de heridas. Según el servicio de prensa del gobernador regional, Rustam Minnijánov, el objetivo de la ofensiva aérea era la infraestructura industrial de la zona, uno de los principales centros de la industria química del país.
El Comité de Instrucción de Rusia (CIR) confirmó el inicio de una causa penal por el delito de «ataque terrorista». La portavoz de la entidad, Svetlana Petrenko, señaló que el Ejército ucraniano impactó tanto en sectores residenciales como en complejos industrials, provocando la muerte de civiles —incluido un menor de edad—, y calificó los hechos como un crimen inexcusable del régimen de Kyiv.
De manera simultánea, la ofensiva con vehículos aéreos no tripulados se extendió a otras regiones del territorio ruso durante la noche. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, reportó el derribo de 24 aparatos en las inmediaciones de la capital, mientras que en la región sureña de Rostov las autoridades locales contabilizaron más de 70 drones interceptados.
Por su parte, el gobernador de Kaluga, Vladislav Shapshá, informó sobre la destrucción de otros 16 dispositivos en su jurisdicción, descartando la presencia de víctimas mortales o daños materiales de consideración tras las operaciones defensivas desplegadas en esa zona.
El Ministerio de Defensa de Rusia emitió un balance global en el que aseguró que los sistemas de defensa antiaérea lograron interceptar y aniquilar un total de 456 drones ucranianos de ala fija durante la jornada nocturna, en medio de una escalada sostenida de ataques mutuos.












