En un acto que marca el inicio de una nueva etapa para el partido oficialista, Ariadna Montiel tomó protesta como la nueva presidenta nacional de Morena. Su discurso inaugural no solo fue una celebración de los logros alcanzados, sino un mensaje de disciplina interna y firmeza geopolítica, estableciendo las reglas del juego para el proceso electoral de 2027 y cerrando filas con la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Cero tolerancia a la corrupción
La declaración más contundente de Montiel se centró en la ética partidista. La dirigente advirtió que el movimiento no permitirá que personajes cuestionables lleguen a las boletas: “Si tenemos certeza de que alguien comete un acto de corrupción, aunque haya ganado la encuesta, no serán candidatos”, sentenció.
Resultados del «Humanismo Mexicano»
Montiel destacó que el modelo de redistribución de la riqueza ha dado resultados históricos. Según las cifras presentadas, tras ocho años de gobiernos de la Cuarta Transformación, más de 13.5 millones de personas han salido de la pobreza en México. Atribuyó este éxito al manejo honesto del presupuesto y a la sustitución de la corrupción por la presencia directa del Estado en las regiones más olvidadas.
Soberanía y el caso Rocha Moya
Sobre la crisis política que rodea al gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha, la dirigente fue clara: si bien apoya el cauce de la justicia, rechazó las acusaciones que, a su juicio, tienen «fines políticos». Montiel denunció la «hipocresía» de sectores que buscan utilizar este caso para permitir la injerencia extranjera en asuntos nacionales. Bajo la premisa «Cooperación sí, subordinación no», reafirmó que la defensa del Ejecutivo es la defensa de la nación, consolidando un bloque de unidad total frente a las presiones externas.







