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Felipe Gaytán Alcalá
Universidad La Salle -México


Hace dos años tuve una conversación con algunos colegas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires sobre el fenómeno Javier Milei y su posibilidad de presentarse en las urnas para la elección presidencial de 2023.  En aquel entonces mis colegas, expertos en la realidad política argentina, desestimaron al personaje del cual lo señalaron como un bufón de la opinocracia televisiva de aquel entonces, sin posibilidades de ir más allá de la pantalla. Hoy ese bufón de derecha, desparpajado, violento en sus declaraciones y radical en sus planteamientos, es el presidente de una de las economías más importantes de América Latina con todo y sus problemas económicos de alta inflación, inestabilidad financiera y una creciente población en situación de pobreza que llega al 40%.

¿Cómo llegó este personaje a obtener una votación mayoritaria en un país altamente politizado, con una historia de protestas y demandas sociales que suponía no apostarían por algo que va en contra de ellos mismos como serán los recortes al gasto público? ¿Dónde están los múltiples grupos de piqueteros (grupos de demandantes que cierran las vías para presionar por sus demandas) que parece aceptar un discurso neoliberal radical que irá contra ellos mismos? ¿ Quién es y será Javier Milei fuera del personaje farandulero y que ahora tendrá que lidiar con una real crisis económica que va más allá de sus lecturas de Hayek, Stuart Mill y de la ideología de los Chicago Boy lidereado por Buchanan que  encontraron en Chile su laboratorio de choques económicos al amparo de la dictadura de Pinochet con consecuencias financieras que los chilenos aún padecen de pagar por todo sin concesión alguna y con una mínima participación del Estado: salud, educación, servicios.

Podemos encontrar dos razones que llevaron al triunfo de Milei, pero dejando claro que el voto no fue por Milei mismo sino por las circunstancias que propiciaron su triunfo electoral.

El primer punto fue el voto de castigo a un grupo ideológico que se denominó de izquierda (lo dudaría y lo definiría más como un grupo que apostó por el asistencialismo y el corporativismo más que a un estado socialdemócrata) como fue el Kirchnerismo y que durante más de dos décadas uso al Estado como su patrimonio y con ello la corrupción de sus integrantes. El discurso de la Casta que uso Milei pegó en el electorado con una fuerte sensación de buscar justicia frente a los que se enriquecieron. La polarización populista funcionó: buenos y malos, rateros políticos – ciudadanos buenos pobres. Junto a este discurso es que se encuadra el histrionismo de Milei. Gritos, insultos antes que razones, expresiones despectivas e incluso la figura simbólica y violenta de la sierra eléctrica, tuvo efecto en un electorado que vio en este personaje a uno de ellos que les expresó en la cara de los corruptos lo que eran.

Junto a ello el desencanto y la desesperación por la alta inflación y el uso del dólar como moneda más confiable. Los argentinos se iban a dormir con una cantidad de dinero con la cual suponían poder comprar ciertos productos y despertaban con la noticia de que ya sólo podían comprar la mitad. Incluso, mis colegas argentinos se quejaban de que tuvieron que dejar de comprar las capsulas de café porque ya eran inalcanzables, un lujo que podían prescindir. El voto a Milei fue un voto de castigo, pero la duda razonable es si en el enojo no se hizo un salto al vacío sin red. Pero igualmente, el candidato oficialista, el ministro de economía Sergio Massa, era impresentable, pues fue el artífice de la crisis y por más que quisiera desmarcarse del gobierno no podía. Sus últimos discursos parecían más para un análisis de esquizofrenia al separar al Massa ministro del Massa candidato.

Por último, Argentina tiene un largo historial político de obsesiones por figuras providenciales que lleguen a salvar la nación. Creo que este sentimiento y deseo es de todos los países latinoamericanos, pero se acentúa en Argentina: figuras como Perón han trazado el imaginario político. Se puede ser peronista de izquierda, derecha, centro, pero siempre peronista. Incluso en el segundo mandato de Perón, las multitudes peronistas desconocieron a Juan Domingo Perón por no ser suficientemente peronista a sus ojos. Milei, como lo fue Carlos Saúl Menem en su momento, Néstor y Cristina Kirchner fueron figuras carismáticas que sedujeron al pueblo argentino. Hoy Milei se convierte en esa figura. Paradójicamente se convierte en un discurso que antes hubiera sido impensable: reducir el gasto social, dolarizar la economía, dejar el libre mercado incluso para le ventad e órganos humanos, otorgar vales a los estudiantes para que elijan la educación sin tomar en cuenta el sistema educativo y su gratuidad, etc. Mala combinación entre el desencanto, el enojo por la situación económica  y la necesidad de salir de la trampa del populismo de izquierda para caer en la extrema derecha. Se saltó de la sartén para caer en el fuego, directo a las brasas. Esperemos que los contrapesos institucionales en la Argentina puedan moderar las posiciones extremas de este personaje que de bufón de una comedia pasará a ser el Hamlet de la obra central.