La administración del presidente Donald Trump ha accedido de forma provisional a un borrador de acuerdo de cooperación nuclear civil con Arabia Saudita. Este pacto permitiría al reino árabe enriquecer uranio a nivel nacional, prescindiendo de las salvaguardias estandarizadas de supervisión internacional implementadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), según revelaron fuentes y documentos oficiales obtenidos por CNN.
El borrador del instrumento jurídico, conocido técnicamente como Acuerdo 123, concluyó su fase de negociación bilateral en octubre de 2025. Sin embargo, la firma definitiva de Donald Trump y su posterior envío al Capitolio permanecen congelados debido a las implicaciones estratégicas de la guerra en curso con Irán, sumado al temor de la Casa Blanca de enfrentar una resolución de desaprobación bipartidista en el Congreso estadounidense.
Polémica por la supervisión internacional
A diferencia de los tratados convencionales de no proliferación, el pacto exime a Arabia Saudita de adoptar el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). En su lugar, el control del programa se regirá bajo un modelo de verificación puramente bilateral diseñado de manera exclusiva entre Washington y Riad.
Esta concesión especial ha encendido las alarmas entre expertos en seguridad global y legisladores, quienes advierten sobre los siguientes riesgos:
- Ruta hacia la bomba: El enriquecimiento de uranio es una de las vías principales para generar material bélico. El príncipe heredero, Mohammed bin Salman, advirtió previamente que fabricaría armas nucleares si Irán conseguía la bomba.
- Riesgo de nacionalización: Analistas de defensa señalan que el reino podría nacionalizar las instalaciones de centrifugadoras o desviar el conocimiento técnico hacia complejos secretos.
- Precedente geopolítico: Romper el estándar internacional del OIEA podría facultar a potencias rivales como Rusia o China a pactar salvaguardias «a la medida» con otras naciones.
Por su parte, defensores del acuerdo dentro de la administración argumentan que la cooperación civil asegurará un mercado multimillonario para la industria nuclear de Estados Unidos, evitando al mismo tiempo que el gobierno saudí adquiera tecnología con menores controles de seguridad proveniente de Pekín o Moscú.
















