Las recientes incorporaciónes de las senadoras morenistas Claudia Balderas y Nadia Navarro a la bancada priísta de la Cámara Alta obedecen fundamentalmente a dos razones: la primera, en el caso de Morena, a una epidemia de inconformidades entre las y los legisladores morenistas que tienen que ver con la falta de cumplimiento de los acuerdos particulares establecidos y las intromisiones oficiosas de Ricardo Monreal una vez que ha retornado al Senado.
Monreal a todas luces extraña su posición como coordinador, añora la gran influencia que en su momento llegó a tener entre sus compañeros y pares sin embargo, ahora sus objetivos y métodos de operación están enfrentando a unos y otros.
No es normal ni lógico que en la víspera de la campaña presidencial integrantes del partido en el poder, contando con una enorme expectativa de conservarlo, se trasladen a la oposición, eso sólo se explica en razón de desacuerdos y rompimientos internos derivados claro, no sólo de una mala operación política, sino también de que en Morena, particularmente en el Senado, alguien está deliberadamente boicoteando los intereses de su propio partido y literalmente jugando a las contras.
En el caso del PAN la adhesión al PRI de la senadora Nadia Navarro tiene que ver también con la falta de operación política del coordinador del GPPAN, Julen Rementeria, quien ha sido excesivamente confrontativo con sus pares legisladores. Situación que Nadia Navarro ya no toleró.
La otra razón y al mismo tiempo, el gran motivo del porque estas senadoras se incorporan a la bancada priísta, tiene que ver naturalmente, con el polo opuesto, es decir, con una quirúrgica operación política de parte del presidente tricolor Alejandro “Alito” Moreno.
Independientemente de que lo que se le pueda o no reprochar al ex gobernador campechano, lo que no se le puede escatimar y tampoco negar, es su amplia experiencia y capacidad política, en este caso, al tener la claridad necesaria para identificar y captar las inconformidades de sus rivales, no solo con el objetivo de engrosar su bancada senatorial, más importante aún en materia de percepción, porque está cuenta y mucho, de dejar claro que en Morena, a pesar de los constantes llamados y esfuerzos en pro de la unidad, existe, sin lugar a dudas, un cisma interno que amenaza con divisiones y una imagen de rompimiento.
En todo caso el valor individual de las senadoras Balderas y Navarro no representan de suyo el traspaso per se de grupos o tribus con ellas, pero es innegable que su salida e incorporación al PRI es un signo que sirve de parámetro para comparar el nivel de operación en uno y otro lado, precisamente a días de que inicie formalmente la madre de todas las batallas electorales.
Habrá que ver si Alito Moreno ya identificó a otros personajes guindas sujetos de ser cobijados bajo su manto político y lo que eso representará en la labor legislativa y por supuesto en la propia campaña. La pregunta que queda es: ¿Cuántas y cuántos más Alito?