Cerca de 90 mil personas colmaron la plaza del Palacio Real en Oslo y las principales avenidas del centro de la capital para recibir como auténticos héroes a los integrantes de la selección de Noruega. El país escandinavo celebró con fervor el regreso de su equipo a un Mundial tras 28 años de ausencia. El festejo coronó la campaña más exitosa en la historia del fútbol masculino noruego, tras alcanzar unos históricos cuartos de final en el Torneo de 2026.
El momento cumbre de la bienvenida llegó cuando el príncipe heredero Haakon Magnus rompió los protocolos reales al unirse activamente a la fiesta tocando un tambor. Al compás de sus golpes, toda la multitud reunida y los propios futbolistas se sentaron en el suelo para realizar el «Viking Row» o remo vikingo. Esta coordinada coreografía masiva, nacida en los estadios a finales de 2025, simula los movimientos de los antiguos barcos nórdicos y se consagró como el gran fenómeno viral del torneo.
La locura colectiva de la afición fue impulsada por la histórica hazaña lograda en los octavos de final, donde Noruega eliminó a Brasil con un dramático triunfo de 2-1 gracias a un doblete de Erling Haaland. Con este resultado, los europeos mantuvieron su invicto histórico contra la Canarinha con una racha de tres victorias y dos empates en cinco partidos oficiales. La destacada participación de los dirigidos por Ståle Solbakken concluyó días después en los cuartos de final, al caer de forma digna ante Inglaterra en el tiempo extra.
La celebración en la capital también dejó anécdotas curiosas, como la necesidad de que los jugadores se agacharan en el autobús descapotable para evitar los cables eléctricos de las avenidas. Por su parte, la estrella Erling Haaland causó asombro al portar un peculiar mapache disecado como recuerdo de su viaje por Estados Unidos. Aunque el delantero participó en la recepción privada con el rey Harald V, tuvo que ausentarse de la plaza pública para tomar de inmediato un vuelo programado con anterioridad.


















