Nueva York. — Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y una de las figuras más influyentes de la política monetaria mundial, falleció este lunes a los 100 años debido a complicaciones derivadas del Parkinson, informó su esposa, la periodista Andrea Mitchell.
Apodado «el Maestro», Greenspan dirigió la Fed entre 1987 y 2006, convirtiéndose en el segundo presidente con más tiempo al frente del banco central estadounidense. Durante su gestión, Estados Unidos vivió un prolongado periodo de crecimiento económico y la institución fortaleció su independencia política.
Aunque colaboró con administraciones republicanas, también mantuvo una estrecha relación con el presidente demócrata Bill Clinton y su equipo económico.
Un legado entre el éxito y la controversia
Tras dejar el cargo, su figura quedó vinculada al debate sobre las causas de la crisis financiera global de 2008. Su defensa de la desregulación financiera y su oposición a supervisar ciertos derivados financieros complejos llevaron a numerosos economistas a señalarlo como uno de los responsables de las condiciones que favorecieron el colapso del mercado inmobiliario.
En 2008, el propio Greenspan reconoció haber cometido un error al confiar excesivamente en la capacidad de las instituciones financieras para autorregularse.
Del jazz a la cima de las finanzas
Nacido en Nueva York en 1926, Greenspan inició su carrera en la música. Estudió en la Escuela Juilliard y trabajó como saxofonista y clarinetista en bandas de jazz antes de dedicarse a la economía.
Posteriormente se licenció en 1948 por la Universidad de Nueva York para luego fundar una exitosa consultora económica, se convirtió en asesor político de varios presidentes republicanos y fue nombrado por Ronald Reagan para encabezar la Reserva Federal en 1987.
A lo largo de su carrera enfrentó crisis financieras internacionales, los efectos de los atentados del 11 de septiembre y diversos desafíos económicos globales.
Pese a las críticas recibidas tras la crisis de 2008, Greenspan continuó siendo una referencia en asuntos económicos y un firme defensor de la independencia de los bancos centrales hasta sus últimos años.







