Nacida en el seno de una familia de alto rango militar, transformó por completo sus convicciones tras el secuestro de su hijo Alejandro en 1975; su deceso cierra un capítulo clave para el movimiento de derechos humanos en Sudamérica tras conmemorarse los 50 años del golpe de Estado.

Buenos Aires, Argentina. La sociedad argentina y las organizaciones internacionales de derechos humanos recibieron con profundo impacto la noticia del fallecimiento de Lydia Estela Uranga de Almeida, conocida mundialmente como Taty Almeida, presidenta de las Madres Fundadoras de Plaza de Mayo. El deceso de la activista civil ocurrió al anochecer de este domingo 14 de junio de 2026 tras afrontar severos complicaciones en su estado de salud, concluyendo una trayectoria de más de cinco décadas consagrada a la búsqueda de justicia, la preservación de la memoria histórica y la defensa de las víctimas de la represión estatal en el Cono Sur.

Del entorno militar a la «oveja negra» de la aristocracia Nacida el 28 de junio de 1930, la historia personal de Taty Almeida destaca por una singular ruptura con sus orígenes institucionales. Proveniente de una familia aristocrática originaria de Paraná, provincia de Entre Ríos, sus lazos consanguíneos estaban estrechamente ligados al estamento militar de alto rango; de hecho, su padre ostentaba el cargo de teniente coronel. Inicialmente graduada como maestra, se educó bajo convicciones profundamente antiperonistas.

Sin embargo, el destino de primera milla de la docente cambió drásticamente el 17 de junio de 1975, durante el preludio de la dictadura, cuando un comando parapolicial de la Alianza Anticomunista Argentina (conocida como la Triple A) secuestró y desapareció a su hijo, Alejandro Almeida, un joven estudiante de medicina y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Esta pérdida reconfiguró por completo su cosmovisión y la llevó a distanciarse de su propio núcleo familiar:

El cobijo de las Madres y los poemas recuperados Tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, Almeida padeció inicialmente el aislamiento institucional. Al ver las primeras marchas de las Madres de Plaza de Mayo, sintió temor de acercarse debido a que sus nexos con las fuerzas armadas hicieran pensar a las manifestantes que se trataba de una espía. Tras integrarse formalmente a la sede, el colectivo la contuvo en su dolor y potenció su perfil como una de las militantes más activas en favor de los derechos políticos y sociales de los pueblos.

Años más tarde, Taty logró recuperar una libreta donde su hijo Alejandro dejó plasmados diversos versos antes de su captura, poemas que posteriormente fueron editados en un libro impreso. El texto reflejaba la crudeza de la persecución política de la época:

Vínculos políticos y el histórico cincuentenario En su faceta de activismo contemporáneo, Taty Almeida mantuvo una estrecha cercanía de acompañamiento con los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Las crónicas de la política civil en Buenos Aires resaltan que la presidenta de las Madres Fundadoras se consolidó como una de las más fieles compañeras de Fernández de Kirchner, sosteniendo visitas y muestras de apoyo incluso durante el periodo actual en el que la exmandataria cumple una medida de prisión domiciliaria.

Pese a que en sus últimos meses de vida su salud la obligaba a desplazarse en silla de ruedas, su última gran aparición pública masiva se suscitó el pasado 24 de marzo, cuando compareció junto a Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, en las movilizaciones oficiales por los 50 años del golpe militar que dejó una cifra histórica de 30 mil desaparecidos en la nación austral. Su partida física este domingo cierra una era de resistencia civil frente a las dictaduras del siglo XX en el continente americano.