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La Federación de Fútbol de Irán (FFIRI) confirmó su participación definitiva en la Copa del Mundo 2026, despejando las dudas generadas por el conflicto bélico en Oriente Medio iniciado en febrero. El presidente de la federación, Mehdi Taj, aseguró que el equipo asistirá por mérito deportivo, pero condicionó la estancia de la delegación al cumplimiento de diez demandas clave presentadas ante la FIFA y las autoridades de Estados Unidos.

Entre las exigencias más críticas destaca la garantía de visados sin restricciones para jugadores como Mehdi Taremi y Ehsan Hajsafi, quienes realizaron su servicio militar en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), organización considerada terrorista por los países anfitriones. Irán busca evitar interrogatorios migratorios y asegurar que su capitán y figuras clave puedan ingresar a territorio estadounidense sin incidentes legales que afecten su rendimiento deportivo.

En el ámbito de la seguridad, la selección iraní establecerá su base de operaciones en Tucson, Arizona, bajo un protocolo de protección de alto nivel coordinado por el Servicio Secreto de EE. UU. Las demandas incluyen perímetros de exclusión en hoteles y aeropuertos, así como la restricción estricta de las ruedas de prensa a temas puramente técnicos, prohibiendo cualquier cuestionamiento sobre la situación política o los conflictos militares actuales para proteger la concentración del plantel.

Pese a los intentos diplomáticos de trasladar sus partidos a sedes en México, la FIFA ratificó que Irán disputará el Grupo G en las sedes originales de Los Ángeles y Seattle. El debut del equipo está programado para el 15 de junio contra Nueva Zelanda en el SoFi Stadium, seguido de encuentros contra Bélgica y Egipto, marcando uno de los retos logísticos y diplomáticos más complejos en la historia de los mundiales.