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El Secretario de Estado se reunió con el primer pontífice estadounidense en la historia para discutir las crisis en Irán y Cuba, tras los ataques directos del presidente Trump contra la Santa Sede.

El pasado 7 de mayo de 2026, los muros del Palacio Apostólico fueron testigos de un ejercicio de equilibrio diplomático sin precedentes. El Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, sostuvo una audiencia privada con el Papa León XIV (Robert Francis Prevost), en un intento por restablecer canales de comunicación tras semanas de hostilidades abiertas entre la Casa Blanca y la Santa Sede.

El origen del conflicto:

La tensión escaló a niveles críticos el 5 de mayo, cuando el presidente Donald Trump acusó al Papa de «poner en peligro a los católicos» por su postura pacifista ante las ambiciones nucleares de Irán. León XIV, originario de Chicago y con un profundo conocimiento de América Latina, respondió con firmeza:

Puntos de fricción en la mesa:

  1. Irán: Mientras Washington impulsa una retórica bélica, el Vaticano se niega a respaldar ataques militares, calificando la postura de EE. UU. e Israel como «inaceptable».
  2. Cuba: Tras el colapso del régimen de Maduro en enero, Trump ha intensificado la presión sobre La Habana. El Papa, exmisionero en la región, busca evitar que el embargo asfixie a la población civil, lo que choca con la política de «máxima presión» de Rubio.

Contraste de versiones:

Mientras el Departamento de Estado calificó el encuentro como «amistoso y constructivo», la Santa Sede fue más cauta, hablando únicamente de «conversaciones cordiales». Por su parte, el presidente Trump compartió a través de Truth Social una entrevista de Fox News con detalles de la visita, manteniendo la narrativa de que su administración defiende los valores religiosos frente a lo que considera una «ingenuidad» diplomática del Vaticano.