En una jornada que redefine el panorama político de Centroamérica, Laura Fernández tomó protesta este viernes como la presidenta número 50 de la República de Costa Rica. Con este acto, Fernández se consagra como la segunda mujer en la historia del país en alcanzar la jefatura de Estado, asumiendo el mandato para el periodo 2026-2030 tras recibir la banda presidencial en el Estadio Nacional.
Su gestión inició con una señal inequívoca de «mano dura». Apenas minutos después de su investidura, la mandataria firmó un decreto que reforma el reglamento carcelario para eliminar los beneficios que permitían reducciones discrecionales en las condenas. Fernández estableció que el año carcelario será estrictamente de 360 días naturales, terminando con la práctica de computar años de ocho meses para los reclusos.
«Se acabó la alcahuetería; los jueces ya no tendrán espacio para interpretaciones que nos roben la seguridad», sentenció. Al asumir la presidencia, la jefa de Estado advirtió al crimen organizado y al narcotráfico que su administración priorizará el orden público y la justicia sin concesiones, marcando un cambio radical en la política penitenciaria del país.







