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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, viajó este miércoles a Washington para sostener su primer encuentro oficial con Donald Trump en el marco del segundo mandato del republicano. La visita ocurre en un clima de profunda fricción diplomática, exacerbada por la beligerancia de EE. UU. en Venezuela e Irán, y la reciente expulsión recíproca de funcionarios entre ambas naciones.

La agenda, eminentemente económica, tiene como punto crítico la defensa del sistema de pagos PIX. Brasil busca frenar investigaciones estadounidenses que sugieren prácticas desleales contra gigantes como Visa y Mastercard. El ministro de Hacienda, Dario Durigan, afirmó que defenderán la soberanía tecnológica brasileña frente a «grupos de presión indebidos».

Además, ambos líderes discutirán una posible alianza sobre minerales críticos, donde Brasil posee las segundas mayores reservas mundiales, y la cooperación contra el crimen internacional. Estos temas son vitales para Lula, quien enfrenta una dura contienda electoral para octubre contra Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente encarcelado y aliado cercano de Trump. Pese a la «buena sintonía» inicial, el intervencionismo de Washington en América Latina pone a prueba la capacidad de ambos mandatarios para evitar una ruptura comercial.