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Este 1 de mayo de 2026, América Latina se convirtió en el epicentro de masivas movilizaciones con motivo del Día Mundial del Trabajo. Millones de voces se alzaron desde San José hasta São Paulo para conmemorar la lucha histórica de los «Mártires de Chicago» y, sobre todo, para denunciar el acecho a conquistas fundamentales como la jornada de ocho horas, el salario digno y la libertad de asociación.

Centroamérica: La defensa de las ocho horas

En Costa Rica, las calles de San José se inundaron de manifestantes que denunciaron intentos de reformar la Constitución para imponer jornadas de 12 horas sin pago de tiempo extraordinario. Albino Vargas, secretario general de la ANEP, advirtió que fuerzas políticas y económicas pujan por revertir derechos conquistados «con sangre y sudor». El mensaje fue claro: no se permitirá que la flexibilidad laboral se convierta en una herramienta de explotación.

Por su parte, Panamá vive una situación inédita. El poderoso sindicato de la construcción, Suntracs, enfrenta un proceso judicial impulsado por el Gobierno para su disolución, tras las protestas contra la reforma de pensiones y la política minera. Yamir Córdoba, dirigente del gremio, calificó este acto como una «persecución sindical» propia de una dictadura, mientras analistas advierten que este pulso debilita el pluralismo democrático en el país.

En la Ciudad de Guatemala, una robusta columna de trabajadores de los sectores público y privado, junto a representantes campesinos e indígenas, marchó para exigir condiciones de vida dignas. Francisco Mendoza, coordinador del Concejo Político de Sindicatos Globales, recordó que la clase trabajadora es la verdadera generadora de riqueza y motor del desarrollo nacional.

Mendoza enfatizó que la salida al rezago económico del país depende de que tanto el sector privado como el agrícola reconozcan los derechos fundamentales, permitiendo la libertad sindical y la negociación colectiva. «Este primero de mayo conmemoramos a quienes murieron en 1886 exigiendo derechos; hoy pedimos empleos con condiciones decentes para que Guatemala salga adelante», afirmó el dirigente.

Sudamérica: Contra la precarización y la escala 6×1

En Brasil, el foco estuvo en la salud mental y la vida familiar. Las centrales obreras en São Paulo exigieron el fin de la escala 6×1 (seis días de trabajo por uno de descanso) y la regulación de las plataformas digitales. Aunque las marchas no contaron con la presencia del presidente Lula, la reducción de la jornada a cinco días se ha posicionado como una bandera central de cara a su posible aspiración a un cuarto mandato. «La familia necesita el derecho de estar junta», expresó Silvana, una líder comunitaria que personifica el cansancio de millones ante las jornadas extenuantes.

En Ecuador, el descontento se dirigió hacia la administración de Daniel Noboa. El Frente Unitario de Trabajadores (FUT) denunció que siete de cada diez ecuatorianos viven en condiciones precarias. José Villavicencio, líder de la UGTE, criticó la flexibilización laboral que permite jornadas de hasta diez horas diarias, señalando que la «política neoliberal» del mandatario pone en riesgo el equilibrio entre trabajo y descanso.