La Selección Femenina de Costa Rica no tuvo piedad y despedazó 21-0 a una frágil escuadra de Islas Caimán, firmando una de las páginas más surrealistas en la historia de las eliminatorias de Concacaf. El Estadio Alejandro Morera Soto fue testigo de un monólogo absoluto, donde las ticas convirtieron el área rival en un patio de juegos, anotando prácticamente en cada llegada y dejando claro que la jerarquía en la región no se negocia.
Más que un simple partido, el encuentro se transformó en una frenética carrera contra el reloj y las estadísticas. Conscientes de que el liderato del Grupo C podría definirse por el criterio de diferencia de goles, las dirigidas por el cuerpo técnico nacional mantuvieron el pie en el acelerador durante los 90 minutos. Cada grito de gol era un mensaje directo a Guatemala: Costa Rica no solo quiere clasificar, quiere hacerlo aplastando cualquier obstáculo que se le ponga enfrente.
El festival ofensivo mostró una contundencia aterradora, con jugadoras que se despacharon con tripletes y póker de goles ante la mirada atónita de las caribeñas. La superioridad física y táctica de la «Sele» fue abismal, permitiendo rotaciones y un flujo de juego que recordó a las mejores épocas del fútbol femenino costarricense. Fue un entrenamiento con público que sirve para elevar la confianza al máximo antes de los duelos de alta tensión que definirán el rumbo hacia el Mundial de Brasil 2027.
Ahora, con la cima del grupo bajo su control gracias a este marcador de videojuego, el combinado patrio pone la mira en el «Clásico Centroamericano» contra las chapinas. La histórica paliza de hoy es un golpe de autoridad sobre la mesa, pero el verdadero examen de fuego llegará el 18 de abril, donde se decidirá quién obtiene el boleto directo al Torneo W. Costa Rica llega encendida, con la pólvora seca y el arco entre ceja y ceja.







