Saltar al contenido principal
Publicidad

La ilusión de miles de aficionados por asistir a la Copa del Mundo 2026 se ha transformado en indignación tras el inicio del proceso de asignación de asientos. Miles de compradores que pagaron por entradas de Categoría 1 la más costosa y exclusiva para el público general denuncian haber sido reubicados en zonas que originalmente correspondían a categorías inferiores. Los afectados señalan que, tras desembolsar sumas considerables, sus lugares definitivos se encuentran en esquinas o detrás de las porterías, lejos de la visión central que prometían los mapas interactivos durante la fase de venta.

La controversia ha escalado a nivel global debido a la falta de transparencia en los criterios de zonificación de los estadios en México, Estados Unidos y Canadá. Según los reportes, grandes secciones del anillo inferior que inicialmente figuraban como disponibles para el público ahora parecen estar reservadas exclusivamente para paquetes de hospitalidad corporativa. Esta maniobra ha empujado a los compradores individuales hacia los niveles superiores o sectores con visibilidad reducida, rompiendo la expectativa de calidad por la que pagaron por adelantado hace meses.

Ante la ola de críticas en redes sociales y plataformas de defensa al consumidor, la FIFA ha intentado justificar la situación argumentando que los mapas de los estadios presentados durante el sorteo de boletos eran meramente «orientativos». El organismo rector sostiene que el diseño final de las categorías depende de la configuración técnica de cada sede; sin embargo, esta explicación no ha frenado las acusaciones de publicidad engañosa y abuso de posición dominante, dejando a los seguidores en una situación de indefensión contractual.

El conflicto ya ha trascendido las quejas individuales y organizaciones internacionales de aficionados, como Football Supporters Europe, están evaluando acciones legales conjuntas ante las autoridades competentes. Mientras la FIFA se prepara para el evento más lucrativo de su historia, el malestar crece entre la base de seguidores más leales, quienes exigen reembolsos parciales o la restitución de la ubicación prometida. El «Mundial de la abundancia» enfrenta así su primera gran crisis de reputación antes de que el balón ruede en el partido inaugural.