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La ciudad de Eindhoven es hoy una fiesta tras confirmarse que el PSV es, matemáticamente, el nuevo campeón de la Eredivisie. La carambola necesaria se dio esta tarde cuando el Feyenoord fue incapaz de pasar del 0-0 ante el modesto Volendam, entregando la cuchara en una carrera que el PSV lideró casi de principio a fin. Este resultado pone fin a una liga que careció de oposición real, donde los principales perseguidores se quedaron «lejísimos» de poder dar caza a un líder que aprovechó cada resquicio de debilidad en sus rivales directos.

El contraste entre el campeón y el resto es demoledor. Mientras que figuras como Ueda y Godts intentaron mantener a flote al Feyenoord y al Ajax respectivamente, el PSV funcionó como una maquinaria perfecta. La distancia de 17 y 23 puntos respecto a los otros dos grandes del país refleja una brecha competitiva que no se veía en décadas. Los «Boeren» han sabido gestionar la presión y, tras la agónica victoria por 4-3 ante el Utrecht el sábado, solo tuvieron que sentarse frente al televisor para esperar el fallo de «De Trots van Zuid».

En el plano individual, destaca la figura del español Yarek, quien en su primera temporada completa se ha consolidado como un central de época en la liga. Participar en 23 encuentros y no recibir una sola amonestación es un dato que habla de su inteligencia posicional y elegancia, cualidades que han sido clave para que el PSV sea el primer campeón europeo de las grandes ligas este año. Su aporte en ataque, con tres goles, fue el complemento perfecto para un equipo que no mostró fisuras en ninguna de sus líneas.

Mirando al futuro, el PSV ya visualiza su próximo objetivo: alcanzar la mítica cifra de 30 títulos para seguir recortando distancias con los «Godenzonen» del Ajax. Por ahora, el presente les pertenece íntegramente. Han logrado su quinta liga en diez años, confirmando que el proyecto deportivo de Eindhoven está años luz por delante de sus competidores. Países Bajos tiene un solo dueño, y hoy los colores rojiblancos brillan con más fuerza que nunca tras un alirón histórico y sumamente prematuro.