La silla del seleccionador italiano se ha vuelto eléctrica. Gennaro Gattuso se convirtió en el cuarto técnico consecutivo en fracasar en su intento de devolver a Italia a un Mundial, siguiendo los pasos de Ventura, Mancini y Spalletti. Aunque Gattuso llegó como un bombero para apagar el incendio dejado por la estrepitosa derrota ante Noruega en 2024, el destino le tenía preparada la misma amarga medicina: una eliminación en repesca que deja a Italia fuera de su tercera cita mundialista al hilo.
La caída en Zenica ante Bosnia por 4-1 en los penaltis fue el detonante de una reacción en cadena. Si ayer el país lloraba la salida de un ídolo como Buffon, hoy se despide de un Gattuso que, en pocos meses, había logrado que los jugadores volvieran a sentir orgullo por la camiseta. El propio Gabriele Gravina, antes de marcharse, elogió la capacidad del técnico para «reavivar el entusiasmo», pero en el fútbol de élite los sentimientos no sustituyen a los resultados, y el marcador de 2026 dictó sentencia definitiva.
El colapso es total. Italia ha pasado de ser una potencia que no faltaba a las semifinales entre 1970 y 2006, a ser un equipo que no supera la fase de grupos desde hace 12 años y que no se clasifica desde hace 12 más. La federación se encuentra ahora en un vacío de poder absoluto, sin presidente, sin director deportivo y sin seleccionador. Esta acefalía llega en el peor momento posible, justo cuando el resto de las federaciones europeas ya tienen sus planes de logística y campamentos base listos para el verano en Norteamérica.
A nivel estadístico, el golpe es humillante. Italia y Dinamarca son los únicos combinados entre los 25 mejores del ranking FIFA que no lograron el boleto para 2026. Para un país que respira fútbol las 24 horas, verse superado por selecciones con mucho menos historial es un trago difícil de digerir. La dimisión de Gattuso, aunque esperada por el código de honor que siempre ha manejado el técnico, deja a la deriva a un grupo de jugadores jóvenes que veían en él al líder capaz de romper la inercia perdedora del equipo.
¿Qué sigue para la Azzurra? La reconstrucción se antoja larga y dolorosa. Con las elecciones federativas en el horizonte, el nombre del próximo seleccionador será la decisión más importante de la década. El legado de Gattuso será el de un hombre que lo dio todo en poco tiempo, pero que sucumbió ante un sistema que parece oxidado desde sus bases. Mientras el Mundial de 2026 se prepara para ser el más grande de la historia, Italia se queda en la sombra, rumiando un fracaso que ya es histórico y vergonzoso.






