El seleccionador español, Luis de la Fuente, ha roto el silencio para defender la integridad de su equipo frente a los ataques frontales de la Conmebol. Tras las palabras de Alejandro Domínguez, quien acusó a España de no presentarse al duelo contra Argentina, el técnico riojano aseguró que su deseo siempre fue competir por el título. «Por muchos motivos: por poder ganar un trofeo, por jugar ante Argentina», declaró De la Fuente, subrayando que la motivación deportiva de la «Roja» nunca estuvo en duda a pesar de las complicaciones logísticas.
La tensión surge tras la cancelación definitiva del encuentro que debía celebrarse el próximo 27 de marzo. Domínguez, en un tono desafiante, cuestionó públicamente: «¿Sabes quién es el bicampeón? Somos bicampeones de la Finalissima, no se presentaron». Esta afirmación ha sido interpretada en España como un intento de desprestigio gratuito, especialmente considerando que la sede original en Catar tuvo que ser descartada por razones de seguridad ajenas a las federaciones nacionales involucradas en el torneo.
De la Fuente aprovechó su intervención para agradecer el trabajo de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), asegurando que se agotaron todas las instancias para que el partido se llevara a cabo. Según el seleccionador, la postura de la Federación fue siempre propositiva, buscando sedes que garantizaran la seguridad de los jugadores y el espectáculo. La narrativa de la «no presentación» que maneja Conmebol choca directamente con los informes que sugieren que no se llegó a un acuerdo económico y logístico tras la salida de Catar como anfitrión.
El conflicto deja en el aire la validez del supuesto «bicampeonato» reclamado por Sudamérica. Mientras Argentina ostenta el título de la edición anterior, la proclamación de un nuevo trofeo sin haber rodado el balón abre un debate jurídico deportivo en la FIFA. Para Luis de la Fuente, el hecho de no poder medirse ante los campeones del mundo es una oportunidad perdida de preparación de cara al Mundial, pero recalcó que la dignidad de la selección española no debe ser puesta en tela de juicio por decisiones administrativas.
En conclusión, la Finalissima de 2026 se convierte en el partido que nunca fue, pero que todos recordarán por sus repercusiones fuera del campo. La falta de un acuerdo sólido tras los problemas en Medio Oriente ha fracturado el diálogo entre los líderes del fútbol mundial. España se queda con las ganas de jugar y Argentina con un título reclamado por su confederación, pero sin el sabor de la victoria en la cancha.






