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Imane Khelif ha decidido enfrentar las controversias de su pasado con transparencia y nuevos retos deportivos. Ante su debut profesional el 23 de abril, la argelina reconoció abiertamente haber realizado tratamientos hormonales para regular sus niveles de testosterona debido a su condición biológica (presencia del gen SRY). Al unirse al equipo de John Dovi, Khelif busca que su carrera profesional se defina por su talento en el ring y no por las disputas sobre su identidad que rodearon su participación en París.

La boxeadora ha dejado claro que su relación con World Boxing es de total cooperación, enviando toda su documentación médica para cumplir con las nuevas pruebas de identificación de sexo. Este movimiento busca distanciarse de los informes previos de la IBA, los cuales Khelif siempre sostuvo que fueron «modificados» para perjudicarla. Al debutar en Francia, cuenta con el respaldo de una federación sólida y un equipo técnico que confía plenamente en su elegibilidad y potencial para ser campeona del mundo a corto plazo.

En lo deportivo, el escenario elegido para su estreno es la Salle Wagram, un recinto íntimo pero prestigioso que permitirá a Khelif reencontrarse con el público francés. John Dovi ha sido enfático en que la oponente ideal para este debut debe ser alguien que iguale la envergadura de Imane, permitiéndole demostrar su capacidad de golpeo y movimiento de piernas. La idea es que la argelina recupere el «instinto asesino» que la llevó a lo más alto del podio olímpico, adaptándolo ahora al ritmo del boxeo profesional.

La velada del 23 de abril será una declaración de principios para el boxeo femenino, contando con la participación de la experimentada Estelle Mossely. Ver a dos campeonas olímpicas en la misma cartelera eleva el estatus del evento y garantiza una audiencia global interesada en ver la evolución de Khelif. Imane se siente lista para dejar atrás las palabras y dejar que sus puños hablen, enfocándose en una preparación física intensa que la ponga en ruta directa hacia un combate por el cinturón mundial de su categoría.

Con la mira puesta en el futuro, Khelif se visualiza como una figura unificadora en el boxeo. Su disposición para realizarse cuantas pruebas sean necesarias demuestra una seguridad inquebrantable en su derecho a competir. «No tengo ningún problema con eso», afirmó la argelina, quien ve en el profesionalismo una oportunidad para limpiar su nombre y consolidarse como una de las atletas más influyentes de su generación. El 23 de abril será, sin duda, el primer paso de una revancha deportiva histórica.