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La FIFA ha cerrado formalmente la puerta a cualquier modificación en el calendario del Mundial 2026, rechazando la solicitud de la Federación de Fútbol de Irán para trasladar sus encuentros de la fase de grupos de Estados Unidos a México. El organismo confirmó este 17 de marzo que el cronograma anunciado en diciembre de 2025 es definitivo y no contempla excepciones. Con esta postura, la FIFA busca mantener la integridad de la planificación logística y operativa que involucra a las 16 sedes de los tres países anfitriones.

La solicitud iraní se fundamentaba en serias preocupaciones de seguridad para sus jugadores y cuerpo técnico, derivadas de las crecientes tensiones militares y diplomáticas entre Teherán y Washington. Irán veía en el territorio mexicano un escenario más neutral y seguro para disputar sus compromisos; sin embargo, la FIFA declaró que espera que todas las naciones clasificadas compitan en las sedes asignadas originalmente. Esta decisión ignora el visto bueno previo del gobierno de México, que había calificado la propuesta como «factible» logísticamente.

Actualmente, el calendario de Irán contempla dos partidos en el SoFi Stadium de Inglewood (frente a Nueva Zelanda y Bélgica) y uno en el Lumen Field de Seattle (ante Egipto). Estas ciudades californianas y de Washington son puntos estratégicos de la organización, y la FIFA argumenta que un cambio de esta magnitud afectaría la venta de boletos, los derechos de transmisión y la logística de transporte de los equipos rivales. Para el organismo, el cumplimiento del calendario es una cuestión de equidad deportiva y comercial.

A pesar de la negativa, la FIFA afirmó que mantiene un contacto regular con todas las federaciones participantes para asegurar una planificación óptima. No obstante, el tono de la respuesta ha sido tajante: la responsabilidad de garantizar la seguridad de los atletas recae en el país anfitrión y en los protocolos establecidos por el comité organizador. Al no ceder, la FIFA pone a prueba la capacidad de Estados Unidos para actuar como sede neutral en medio de un clima internacional complejo y polarizado.

La incertidumbre ahora rodea la participación de la selección iraní, ya que sus autoridades han sugerido anteriormente que no viajarían a suelo estadounidense bajo las condiciones actuales. Si Irán decide retirarse del torneo como medida de protesta o por seguridad, la FIFA se enfrentaría a una crisis de legitimidad y a la necesidad de buscar un reemplazo de emergencia a menos de 90 días del inicio. El fútbol, una vez más, se encuentra atrapado en el delicado equilibrio entre la política internacional y la reglamentación deportiva.