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Varios buques petroleros comenzaron a evitar el Estrecho de Ormuz, ruta clave que conecta el Golfo Pérsico con mar abierto, tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Aunque el paso marítimo permanece abierto, armadores adoptan una postura de máxima cautela y algunos barcos se acumulan en las entradas del estrecho.

Datos de seguimiento marítimo muestran que petroleros están detenidos tanto en el acceso occidental como oriental. La naviera japonesa Nippon Yusen KK instruyó a su flota a no transitar por la zona, mientras que Grecia pidió a su marina mercante reevaluar el cruce.

Otros armadores revisan sus políticas de tránsito y uno interpretó advertencias de Estados Unidos como un cierre de facto de la vía.

El Estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles en momentos de tensión con Irán, ya que por él circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado transportado por mar en el mundo.

Aunque el flujo no se ha detenido por completo, algunos buques han pausado su trayecto, incluidos al menos tres metaneros vinculados a Qatar, segundo mayor exportador mundial de gas natural licuado.

Entre los barcos detenidos figuran el Eagle Veracruz, con dos millones de barriles de crudo iraquí y emiratí rumbo a China, y el Front Beauly, con carga saudí.

También el superpetrolero Mitake, con destino a Ras Tanura, redujo casi por completo su velocidad frente a Omán tras conocerse los ataques.

Pese a la cautela, no todos los buques han suspendido operaciones: al menos 17 petroleros cruzaban el estrecho a las 10:30 GMT, según señales automáticas.

Sin embargo, operadores vigilan posibles represalias iraníes y eventuales afectaciones en puertos que puedan ampliar la disrupción en los mercados energéticos.