El fútbol ha saldado una deuda histórica en un evento que trasciende lo deportivo para convertirse en un acto de justicia social. El reencuentro entre las leyendas del Mundial Femenil de 1971 y las «Lost Lionesses» de Inglaterra, bajo el marco de la campaña «Football is our Language», no es solo un ejercicio de nostalgia; es el reconocimiento oficial a las mujeres que demostraron, hace más de medio siglo, que el Estadio Azteca podía vibrar con la misma intensidad sin importar el género de quienes pateaban el balón.
La presencia de figuras como Alicia «Pelé» Vargas y María Eugenia «Peque» Rubio junto a las jugadoras inglesas subraya una hermandad nacida de la adversidad. Mientras en México estas pioneras jugaban ante más de 110,000 personas, en el Reino Unido sus contrapartes eran sancionadas y estigmatizadas por una federación que les prohibía el acceso a las canchas oficiales. Este abrazo en la Ciudad de México simboliza la reconciliación de un deporte que, durante décadas, intentó borrar la huella de sus protagonistas más valientes.

Desde una perspectiva institucional, el mensaje de Ana Francis Mor resuena con fuerza: estas mujeres no solo jugaban fútbol, sino que realizaban un acto político de resistencia. Al «patear puertas cerradas», pavimentaron el camino para la actual profesionalización de la Liga MX Femenil y el éxito global de las Lionesses contemporáneas. El evento dejó claro que la brecha de género que aún persiste solo puede cerrarse reconociendo primero las raíces de la lucha y honrando a quienes no se rindieron cuando el apoyo era inexistente.
El foro también sirvió como un recordatorio estratégico de cara a la Copa del Mundo Masculina 2026. Al poner el foco en el Estadio Azteca como la sede histórica de récords de asistencia en el fútbol femenino, se dignifica al inmueble no solo como un templo de Pelé o Maradona, sino como el santuario donde el fútbol de mujeres demostró su poder de convocatoria masiva por primera vez en la historia. Es un vínculo cultural inquebrantable que hoy une a México y al Reino Unido en un lenguaje común de igualdad.

Finalmente, este homenaje otorga a las pioneras el lugar que la FIFA les negó en su momento. Al ser recibidas y celebradas por la Embajada Británica y el Gobierno de la CDMX, se cierra un ciclo de invisibilidad. Hoy, el fútbol femenil no es solo una promesa de futuro, sino una realidad con un pasado glorioso que finalmente ha dejado de estar «perdido» para ser reclamado por sus verdaderas dueñas.








