El fenómeno de Eileen Gu en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026 es una historia de contrastes extremos: mientras en las montañas italianas se consagra como una leyenda eterna del deporte, en el ámbito personal enfrenta una de las campañas de hostilidad más severas vistas en el olimpismo moderno. Con solo 22 años, Gu ha logrado transformar la presión en podios, aunque el costo fuera de las pistas está siendo alarmantemente alto.
En el aspecto deportivo, Gu ha hecho historia al alcanzar un total de cinco medallas olímpicas en su carrera, convirtiéndose en la esquiadora acrobática más condecorada de todos los tiempos. En esta edición, ha sumado dos preseas de plata tras finales de infarto: la primera en Slopestyle (9 de febrero) y la segunda en Big Air (16 de febrero), donde quedó a milésimas de la canadiense Megan Oldham. Ante las críticas que minimizan sus segundos lugares, la atleta fue contundente al calificar de «ridícula» la idea de considerar una medalla olímpica como un fracaso.
Sin embargo, detrás del brillo de la plata se esconde una realidad sombría. En una reciente y reveladora entrevista con The Athletic, Gu confesó que su decisión de representar a China ha desencadenado una ola de violencia en su contra. La esquiadora detalló haber sido agredida físicamente en la calle, además de sufrir el robo de su dormitorio en la Universidad de Stanford. Estos incidentes han requerido la intervención de la policía y han escalado hasta amenazas de muerte constantes que han puesto en jaque su seguridad personal.

La hostilidad no se limita a agresores anónimos, sino que ha tomado tintes institucionales y sociales en los Estados Unidos. Existe una petición masiva que busca que Stanford revoque su admisión, basándose en críticas sobre su postura política y su lealtad nacional. Eileen ha navegado este clima de «oposición institucional» mientras intenta mantener el enfoque en la competencia, un equilibrio casi imposible que añade una capa de resiliencia extraordinaria a sus logros en la nieve.
A pesar de los robos, las agresiones y el escrutinio político, Eileen Gu se mantiene firme en su objetivo de inspirar a una nueva generación de esquiadoras en Asia. Su legado en Milán-Cortina 2026 no será recordado solo por los puntos en el marcador de los jueces, sino por su capacidad de seguir volando en el Big Air mientras, en tierra firme, enfrenta una de las tormentas personales más difíciles de su vida. Su historia es hoy el reflejo de las complejas tensiones geopolíticas que atraviesan el deporte global.






