El baloncesto mundial vive un momento de profunda nostalgia. Una de las mentes más brillantes que ha pisado la duela, Chris Paul, anunció su retiro definitivo de la competición profesional. A sus 40 años y tras una asombrosa trayectoria de 21 temporadas, el legendario base puso punto final a su carrera apenas instantes después de que los Toronto Raptors (equipo al que llegó vía traspaso el pasado 4 de febrero) decidieran rescindir su contrato, cerrando así un ciclo que abarcó tres décadas de excelencia.
«¡Eso es todo! Después de más de 21 años, me estoy alejando del baloncesto», compartió el apodado «CP3» en un emotivo mensaje a través de su cuenta de Instagram. Con una mezcla de humor y sinceridad, Paul confesó que, a pesar de su fama de tener siempre una respuesta para todo en la cancha, en este momento le es difícil procesar sus sentimientos. El base reconoció que, aunque su etapa como jugador activo termina, el deporte ráfaga seguirá siendo parte fundamental de su ADN, pues ha pasado más de la mitad de su vida compitiendo al más alto nivel.
El legado que deja Chris Paul es, sencillamente, histórico. Se retira como el segundo máximo asistente (12,552) y el segundo máximo recuperador de balones (2,728) en la historia de la NBA, situándose en ambos rubros únicamente por detrás del mítico John Stockton. A lo largo de su periplo por equipos como New Orleans, Clippers, Rockets, Thunder, Suns, Warriors y Spurs, Paul fue seleccionado 12 veces al All-Star y 11 veces a los equipos All-NBA, consolidándose como el director de orquesta definitivo del siglo XXI.

A pesar de que el anillo de campeón de la NBA le fue esquivo siendo las Finales de 2021 con Phoenix su oportunidad más cercana, su impacto trasciende los trofeos. Paul fue un maestro del liderazgo y la estrategia, capaz de transformar equipos mediocres en contendientes inmediatos. Su salida de los Clippers en diciembre pasado y su breve paso administrativo por los Raptors marcaron un final agridulce en lo deportivo, pero no empañan una carrera que lo llevará directamente al Salón de la Fama en su primer año de elegibilidad.
Con el retiro de Paul, la NBA pierde al último de los grandes bases «puros», un estratega que privilegiaba el pase y la lectura de juego por encima del atletismo explosivo.






