La historia olímpica se reescribió en el hielo de Milán con un momento que dejó sin aliento al mundo entero. El estadounidense Ilia Malinin, de apenas 21 años, desató la locura en el pabellón al ejecutar el primer salto mortal hacia atrás legal en unos Juegos Olímpicos desde 1976. El impacto fue tal que figuras de la talla de Novak Djokovic se pusieron de pie en las gradas, incrédulos ante una maniobra que durante décadas estuvo prohibida por su peligrosidad, pero que ahora, gracias a un cambio de reglas en 2024, ha vuelto para reclamar el trono del espectáculo puro.
Este movimiento, cargado de rebeldía y nostalgia, fue bautizado en el pasado como el «Bonaly flip» en honor a la francesa Surya Bonaly, quien lo realizó desafiante en 1998 a pesar de la prohibición. Sin embargo, Malinin ha sabido integrar esta acrobacia no solo como un acto de audacia, sino como una herramienta para elevar sus puntuaciones artísticas. Aunque el salto mortal no tiene un valor técnico fijo, el rugido de la multitud y la «impresión artística» que genera le dan una ventaja psicológica y visual que ningún cuádruple salto convencional puede igualar.
Malinin, conocido mundialmente como el «Dios del Cuádruple», ya era una leyenda antes de este mortal por ser el primer hombre en aterrizar el cuádruple Axel en competición. Su repertorio es un arsenal de pirotecnia aérea que incluye volteretas con una mano y el espectacular «giro de frambuesa», donde su cuerpo rota horizontalmente como un bailarín de break dance. Con una puntuación de 108.16 en el programa corto, Ilia llega como el máximo favorito al oro para la gran final de este viernes, liderando sobre el japonés Yuma Kagiyama y el francés Adam Siao Him Fa.
A pesar de su naturaleza arriesgada, el patinador estadounidense mantiene los pies en la tierra respecto a su salud. Aunque el público sueña con ver el primer cuádruple Axel en suelo olímpico durante el programa libre, Malinin ha declarado que priorizará la seguridad y su estado mental antes de intentar la maniobra más difícil del deporte. «Quiero estar en la mentalidad adecuada para sentirme seguro y no arriesgarme innecesariamente», comentó el atleta, demostrando que detrás de la espectacularidad hay un estratega que busca la perfección sin comprometer su integridad física.
El programa libre de este viernes promete ser uno de los eventos más vistos de estos Juegos Olímpicos de Invierno. La comunidad del patinaje artístico celebra que la Unión Internacional de Patinaje (ISU) haya eliminado la prohibición de estos saltos espectaculares, reconociendo que el deporte debe evolucionar hacia el entretenimiento. Con el oro al alcance de su mano, Ilia Malinin tiene la oportunidad de coronarse no solo como el campeón olímpico, sino como el hombre que devolvió la magia y el riesgo prohibido a la cima del podio mundial.







