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El debate sobre la participación de Alemania en la Copa del Mundo 2026 ha trascendido el ámbito puramente deportivo y se ha adentrado en el terreno de la política internacional. Algunos políticos alemanes han planteado la posibilidad de que la selección no juegue en el torneo si las tensiones con el gobierno de Estados Unidos encabezado por Donald Trump escalan aún más, especialmente en torno a cuestiones geopolíticas como el futuro de Groenlandia.

El origen de estas especulaciones está en los comentarios de figuras políticas que sugieren que un boicot podría ser utilizado como último recurso para presionar a la administración estadounidense a reconsiderar sus políticas, particularmente las amenazas comerciales vinculadas a las posiciones sobre Groenlandia.

Sin embargo, las autoridades alemanas han sido claras en que la decisión final no corresponde al gobierno, sino a la Federación Alemana de Fútbol (DFB) y a la propia FIFA, que tienen autonomía para decidir si Alemania participa en el torneo o emprende acciones de protesta.

Este debate ha generado reacciones también en otros países europeos, aunque por el momento ninguna selección oficial ha anunciado un boicot efectivo al Mundial 2026. Por ejemplo, el gobierno de Francia ha declarado que no planea retirar a su equipo de la competencia a pesar de tensiones similares con Estados Unidos.

A pesar de las voces políticas y de encuestas que muestran cierto apoyo popular en Alemania a un boicot en caso de un conflicto grave con Washington, la Mannschaft no ha tomado ninguna decisión formal y sigue planificando su participación en el Mundial 2026, programado del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá.