Saltar al contenido principal

Las protestas masivas en Irán cumplieron dos semanas este domingo con movilizaciones que desbordaron las calles de Teherán y de la segunda ciudad más grande del país, en medio de una creciente represión que ha dejado al menos 116 personas muertas y 2 mil 600 detenidas, de acuerdo con activistas.

Las manifestaciones, que comenzaron el 28 de diciembre por el colapso del rial iraní, ahora cotizado en más de 1.4 millones por dólar, evolucionaron hacia un desafío directo contra la teocracia que gobierna el país.

El Gobierno iraní impuso un apagón informativo, con internet interrumpido y líneas telefónicas cortadas, lo que ha dificultado el monitoreo internacional de los hechos. Organizaciones de derechos humanos alertan que este aislamiento podría facilitar una represión más sangrienta por parte de las fuerzas de seguridad.

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, lanzó una advertencia al afirmar que Estados Unidos e Israel serían “objetivos legítimos” si Washington ataca a la República Islámica, mientras legisladores coreaban “Muerte a Estados Unidos” dentro de la asamblea.

En paralelo, el fiscal general Mohammad Movahedi Azad endureció el discurso oficial al advertir que quienes participen en las protestas serán considerados “enemigos de Dios”, delito que conlleva la pena de muerte, incluyendo a quienes “ayuden a los alborotadores”.

Pese a las advertencias del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha señalado que estaría dispuesto a intervenir para proteger a los manifestantes pacíficos, el líder supremo Alí Jamenei anunció que se aproxima una nueva fase de represión.