El Open de Australia ha decidido rendir homenaje a la grandeza deportiva otorgando una wild card a Venus Williams para su edición de 2026. Con esta invitación, la ex número uno del mundo regresará a una competición que no pisaba desde hace un lustro. La decisión de la organización subraya el estatus de icono de la tenista estadounidense, cuya sola presencia garantiza un lleno absoluto en las gradas del complejo de Melbourne.
Convertirse en la jugadora más longeva de la historia del torneo no es un reto menor. A los 45 años, Williams afronta este Grand Slam no solo como una embajadora del tenis, sino como una competidora que busca despedirse en sus propios términos. Al superar la marca de veteranía de Kimiko Date, Venus demuestra que su pasión por el juego se mantiene intacta desde aquel lejano debut en Australia a finales del siglo pasado.
Aunque sus resultados más recientes en 2025 han sido discretos, la estadounidense ha mostrado destellos de su calidad técnica. Sus derrotas ante Magdalena Frech y Jéssica Bouzas sirvieron para mantener el ritmo de competición y ajustar su físico a las exigencias del circuito WTA. Su plan para este verano australiano incluye una escala previa en Auckland, un torneo que le servirá de termómetro para medir sus posibilidades reales ante el exigente clima de Melbourne.
La conexión emocional de Venus con Australia es profunda. En sus declaraciones, destacó los «muy buenos recuerdos» que guarda de esas pistas, donde disputó finales históricas contra su hermana Serena. Para la organización, contar con una siete veces campeona de Grand Slam es un lujo que enriquece el cuadro femenino y ofrece a las nuevas generaciones la oportunidad de medirse contra una de las arquitectas del tenis moderno.
El torneo promete ser una celebración de la carrera de Williams. Independientemente del resultado deportivo, su regreso es un triunfo de la persistencia. La afición de Melbourne espera con ansias el momento en que la espigada figura de Venus Williams cruce el túnel de vestuarios para pisar, una vez más, el azul de la Rod Laver Arena.






