Después de una caída dolorosa en los últimos minutos del partido, Stephen Curry fue visto cojeando al salir de la cancha y rumbo al vestuario, en el duelo que los Warriors perdieron ante los Houston Rockets con marcador de 104-100. Al abandonar el juego, Curry llevaba 14 puntos, 6 rebotes y 5 asistencias en 33 minutos de juego, pero la molestia en su cuádriceps derecho puso en duda su continuidad inmediata.
El diagnóstico preliminar del equipo habla de una contusión en el cuádriceps derecho, y se ha informado que será sometido a una resonancia magnética (MRI) para determinar el alcance exacto de la lesión. Hasta ahora no hay un calendario claro para su recuperación, lo que genera incertidumbre de cara a los próximos compromisos de Golden State.
La lesión llega en un momento delicado para los Warriors: con un récord de 10-10 en la temporada, la ausencia de su máxima figura podría complicar seriamente sus aspiraciones, sobre todo ante rivales directos en la conferencia. Además, el equipo ya había sufrido otro golpe con la baja por esguince de uno de sus jugadores secundarios (Gary Payton II), lo que acentúa la necesidad de profundidad del plantel.
Para el cuerpo técnico y en particular su entrenador, Steve Kerr el momento de la resonancia magnética es clave: de los resultados dependerá si Curry se mantiene como parte del núcleo del equipo o si estarán obligados a reajustar rotaciones y estrategias en el corto plazo.
La preocupación no es menor: perder a un base con la experiencia y el talento de Curry podría alterar la dinámica ofensiva y defensiva de los Warriors, especialmente en juegos cerrados. En un calendario donde cada juego puede significar recuperación o hundimiento, su pronta evaluación y recuperación serán determinantes para lo que reste de temporada.














