El delantero portugués recibió una tarjeta roja directa en el partido contra Irlanda, al propinar un codazo al defensa Dara O’Shea. Esa expulsión la primera de su carrera con 226 partidos vistiendo la camiseta nacional generó el temor de que quedara fuera del inicio del 2026 FIFA World Cup.
Tras evaluar el caso, la FIFA decidió aplicar una sanción disciplinaria de tres partidos, pero con una reducción que permitirá al astro lusitano estar disponible desde el primer duelo mundialista. Cumplió el único partido obligatorio durante la última fecha de clasificación, ante Armenia.
Los otros dos encuentros de castigo quedaron suspendidos bajo un régimen de probación de un año. Esto significa que Ronaldo podrá jugar siempre que en este periodo no incurra en una falta de gravedad similar; de hacerlo, la sanción se reactivaría inmediatamente.
Para Portugal y su afición, la resolución representa un alivio. A sus 40 años, Ronaldo mantiene intacta la posibilidad de disputar probablemente su sexta Copa del Mundo, algo que pocos futbolistas han logrado. Además, su presencia resulta clave, tanto por su experiencia como por su capacidad de liderazgo en momentos de presión.
Sin embargo, la decisión tiene una advertencia latente: el delantero debe mantenerse alejado de cualquier conducta antideportiva. La tolerancia parece haberse estirado, pero no eliminada. En un torneo tan exigente como el Mundial, ese margen puede ser la diferencia entre jugar con todo o quedarse al margen.














