Al inicio de este sexenio se afirmaba que sin la pacificación del país, no habría Cuarta Transformación. ¿Hasta dónde importa ahora esto para un gran número de mexicanas y mexicanos?
Del 15 al 17 de diciembre, el país vivió otra ola de violencia que ya indigna menos a la sociedad, quedando como un mero registro estadístico más. El saldo fue de 238 víctimas reportadas por causa de homicidios dolosos, según los datos oficiales de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
Ofrecer públicamente un pésame cada vez que se registra una masacre, se ha vuelto un acto sin originalidad, cotidiano y vacío.
No queda más que la consternación y resignación, último recurso y reflejo de la nula capacidad que han tenido desde hace mucho las autoridades de los tres órdenes de gobierno para frenar la violencia, que suele acentuarse al final de cada sexenio.
La muerte en México de una persona por un hecho violento, debería ser causa de consternación y exigencia de esclarecimiento; pero en el país del “te toca hacerlo a ti y no a mí” ninguna autoridad local o federal se hace responsable hasta antes de definir de quién es la competencia.
México sumó al día de ayer, 174 mil 542 homicidios dolosos, un promedio de 95 diarios, uno cada 15 minutos desde el inicio del gobierno de López Obrador.
Los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fueron igual de sangrientos, y aunado a otros factores, sus respectivos partidos perdieron las elecciones presidenciales. Conforme a lo anterior, MORENA también debería perder la elección federal del próximo año. Sin embargo, López Obrador se ha escudado en que así le dejaron al país.
Desde 2006 en el Congreso de la Unión se debatió qué modelo de seguridad requería México para afrontar la violencia originada por la lucha entre los grupos del crimen organizado.
El modelo de 32 policías estatales no fue suficiente para que Calderón detuviera la oleada de violencia. La discusión entonces entre el mando único o mando mixto con Peña Nieto tampoco dejó un referente de solución. La implementación de una guardia nacional de mando civil con López Obrador y el giro inesperado que dio para que esté bajo el mando militar, tampoco ha funcionado.
Estamos por finalizar 2023 y seguimos sin tener una estrategia de muy largo plazo para frenar la violencia en el país. Tenemos a un ejército con más atribuciones haciendo de constructor y administrador de actividades económicas.
El ejército es la única institución mexicana que destaca en los indicadores internacionales. Según el índice estadounidense Global Firepower, de 2022 a 2023 subió 11 posiciones en la clasificación anual de los ejércitos más poderosos del mundo, ocupando la posición 31.
Sin embargo, pareciera que nada de esto está presente en la mente de los electores del oficialísimo para el próximo año. Ante más violencia, sumado a otros graves problemas, no se ve una Quinta Transformación en el camino.
Tal vez sea cierta la premisa de Alexis de Tocqueville que decía: «Es difícil concebir cómo hombres que han renunciado por completo al hábito de dirigirse a sí mismos podrían llegar a elegir bien a quienes deben dirigirlos; es difícil creer que de los sufragios de una nación de siervos pueda salir jamás un gobierno liberal, enérgico y sabio.”
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