A cuatro décadas de su muerte, Jorge Luis Borges permanece como figura central de la literatura, pero su legado tiene una historia ligada a México. El escritor argentino murió el 14 de junio de 1986 y este año se recupera ese vínculo.
Su vínculo más significativo fue con Alfonso Reyes, a quien conoció en la década de 1920. La amistad continuó mediante encuentros y correspondencia. Borges consideraba al mexicano uno de sus maestros y, tras su muerte, en 1959, le dedicó el poema “In memoriam A. R.”.
Su influencia alcanzó a varias generaciones de escritores mexicanos. En Borges en México: un permanente diálogo literario, Rafael Olea Franco analiza los intercambios creativos con Juan José Arreola, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y Octavio Paz. Arreola encontró afinidades en la brevedad de su escritura; Pacheco reconoció que Borges le mostró cómo otras literaturas podían alimentar la propia, mientras Fuentes contó que leerlo fortaleció su vocación.
La relación también se expresó en sus visitas al país, en 1973, 1978 y 1981. Durante la primera coincidió con Juan Rulfo en un encuentro fotografiado en Los Pinos.
La exposición “Borges y México”, presentada en Argentina, recupera fotografías, libros y documentos sobre esas amistades e influencias. En Ciudad de México, la muestra “¿Nos volveremos a ver?”, de Rogelio Cuéllar, reúne imágenes inéditas de su estancia de 1973.
A 40 años de su muerte, México aparece no sólo como escenario de sus viajes, sino como parte activa de la conversación literaria que Borges dejó abierta.














