El incremento de la vigilancia en la frontera entre México y Estados Unidos empuja a cientos de migrantes a internarse en rutas marítimas por el océano Pacífico. Especialistas y activistas advirtieron sobre el aumento de estos trayectos, donde las personas enfrentan graves riesgos de ahogamiento e hipotermia, además de ser víctimas de cobros excesivos y extorsiones a manos del crimen organizado.
El despliegue de drones, sensores y agentes de la Patrulla Fronteriza en los puntos terrestres tradicionales desplazó la presión migratoria hacia aguas abiertas. Para evadir la detección oficial, las embarcaciones operan de noche, carecen de luces de navegación y suelen navegar con sobrecupo, obligando a los tripulantes a internarse distancias mayores que elevan de forma crítica la probabilidad de sufrir un naufragio.
Esta situación incrementó de forma considerable el costo económico para las familias migrantes. De acuerdo con testimonios y académicos de la región, los grupos de tráfico de personas exigen tarifas que van desde los 6 mil hasta los 30 mil dólares por el traslado vía marítima, e incluso condicionan el uso de las playas cobrando cuotas de extorsión únicamente por permitir el acceso a las zonas de embarque.
A pesar del peligro y las agresiones financieras, la desesperación por la separación familiar impulsa a muchos a intentar el cruce por cuenta propia. Diversos testimonios dan cuenta de personas que optan por nadar durante horas con trajes de buzo a temperaturas extremadamente bajas, motivados exclusivamente por el deseo de reencontrarse con sus parejas e hijos del otro lado de la frontera.












