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Una mujer de 72 años compareció este lunes ante un tribunal de justicia en Francia, imputada formalmente por el delito de tortura con resultado de muerte en agravio de su hija de cuatro años en 1987, en un expediente archivado que logró reabrirse gracias a los avances en pruebas genéticas de ADN.

El caso data de agosto de 1987, fecha en que los restos de la menor Inass Touloub fueron localizados abandonados en la cuneta de una autopista francesa. El informe forense documentó severas huellas de violencia física extrema, incluidas mordeduras humanas y quemaduras en el cuerpo. Dado que los tutores jamás denunciaron la desaparición, las autoridades emitieron fichas de búsqueda en 30 países y distribuyeron retratos de la pequeña en colegios y sedes municipales sin obtener resultados positivos.

Tres décadas después del crimen, una muestra biológica recabada a un detenido por un hecho delictivo aislado arrojó coincidencia genética directa con los rastros hallados en las prendas y la manta que envolvían a la víctima. El perfil pertenecía a uno de los hermanos de la menor, pista que permitió a los investigadores identificar a la familia y detener a los progenitores en 2018.

Tras su captura, la pareja —que procreó siete hijos y actualmente se encuentra separada— cruzó acusaciones de violencia intrafamiliar. La madre enfrenta cargos penales por actos de tortura que derivaron en la muerte de la menor, mientras que el padre, de 74 años, comparece por la omisión de denunciar maltrato infantil continuado, en un país donde las estadísticas oficiales registran que un menor muere cada semana víctima de violencia física a manos de sus padres.