El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció que solo se permitirán manifestaciones convocadas por sindicatos y en circuitos alternativos con el fin de resguardar centros urbanos y comercios, tras los recientes disturbios registrados en el país. A seis meses de los comicios presidenciales, el mandatario llamó a un “regreso a la calma” y acusó a grupos de extrema izquierda de pretender la caída de la República mediante actos violentos y sediciosos.
La decisión gubernamental responde a los incidentes del 17 de octubre, cuando protestas contra el alto costo de la vida derivaron en enfrentamientos, saqueos y daños a más de 3 mil comercios en diversas localidades. Como medida preventiva, las autoridades implementaron tres noches de toque de queda en sectores de París y Lyon, mientras los servicios de inteligencia enfrentan cuestionamientos por no haber anticipado la magnitud de las movilizaciones.
Para contener la convocatoria nacional prevista para este fin de semana por los Chalecos Amarillos y sindicatos, el Ministerio del Interior incrementará en 20% el despliegue de las fuerzas de seguridad. La estrategia de contención contempla la movilización de vehículos blindados, unidades policiales de élite y efectivos de la misión militar Sentinelle en los puntos de mayor afluencia.
En el ámbito político, el primer ministro Sébastien Lecornu encabeza reuniones de evaluación junto a los titulares de Interior, Justicia y mandos de seguridad. La crisis de gobernabilidad se presenta en un momento clave ante el calendario electoral de abril y mayo, periodo en el que las encuestas sitúan a la ultraderechista Marine Le Pen como favorita en las preferencias.












