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Las fuerzas de seguridad de la República Francesa detuvieron a un total de 2,000 personas por su participación en actos violentos durante la jornada nacional de protestas sociales, la cual derivó en enfrentamientos directos, ataques a edificios públicos y saqueos masivos de establecimientos comerciales en diversas ciudades del país europeo. 

El ministro del Interior, Laurent Núñez, informó en un balance preliminar que la cifra de arrestos incluye a miles de manifestantes radicales y a grupos de delincuentes dedicados al vandalismo urbano, señalando además que 600 policías, gendarmes y bomberos resultaron heridos durante los operativos de contención.   

Las movilizaciones, que congregaron a 550,000 personas según estimaciones gubernamentales y a más de 800,000 de acuerdo con los organizadores, ocasionaron daños materiales cuantiosos, afectando a cerca de 1,500 comercios en todo el territorio nacional. 

Entre los incidentes más graves destacó el incendio provocado en el histórico ayuntamiento de la localidad de Limoges, un edificio del siglo XIX catalogado como monumento nacional cuya cubierta colapsó tras el ataque. 

Ante la magnitud de la crisis, el primer ministro Sébastien Lecornu convocó a una célula interministerial de crisis, mientras que el presidente Emmanuel Macron anunció un mensaje televisado a la nación para la noche de este domingo.