El presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, analizan la destitución de la embajadora de Estados Unidos en Grecia, Kimberly Guilfoyle, tras destaparse una serie de señalamientos que la vinculan con presuntas conductas indebidas e ilegales cometidas antes y durante su encargo diplomático en Atenas.
Fuentes del gobierno estadounidense revelaron bajo condición de anonimato que tanto el mandatario como el titular del Departamento de Estado se encuentran “extremadamente molestos” por la situación. Se prevé que la determinación sobre el futuro de la funcionaria se formalice esta misma semana, una vez concluido el feriado del Día del Descubrimiento.
El malestar en la administración norteamericana se intensificó tras las revelaciones publicadas por The Wall Street Journal, donde se documentan supuestas amenazas a un funcionario griego, la recepción indebida de obsequios y servicios, así como el ofrecimiento de influencias a cambio de saldar cuentas personales. Aunque la defensa de Guilfoyle niega las imputaciones y la sede diplomática le ha brindado un respaldo tácito, las fricciones aumentaron luego de la reciente visita de Rubio a la capital helénica, en la que prefirió no emitir posturas tajantes ante la prensa.
En el ámbito institucional y legislativo, la crisis ha comenzado a escalar. Un segundo funcionario confirmó que la oficina del Inspector General del Departamento de Estado se encuentra revisando las denuncias presentadas, mientras que congresistas demócratas clave —entre ellos Gregory Meeks, Jeanne Shaheen y Robert Garcia— han solicitado formalmente una investigación exhaustiva para esclarecer el desempeño de la embajadora.












