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Las protestas y los bloqueos en centros educativos de toda Francia se reanudaron con fuerza, desatando enfrentamientos que han dejado decenas de heridos —entre estudiantes, profesores y agentes de policía— y más de 6 mil 600 detenciones acumuladas, en su mayoría de menores, según datos del Ministerio del Interior.

La movilización, iniciada el pasado 21 de septiembre en una escuela secundaria de la periferia parisina, exige una mayor financiación para la educación, la renovación de instalaciones y mejoras generales en las condiciones de estudio. La protesta ha ganado músculo tras la incorporación de estudiantes universitarios y nuevos sindicatos, que este jueves levantaron barricadas en distintos puntos de la capital para exigir respuestas concretas al Ejecutivo.

La respuesta policial ha quedado bajo la lupa de organizaciones de derechos humanos, que denuncian el uso de una fuerza desproporcionada. Varios manifestantes sufrieron graves lesiones, incluidos jóvenes afectados por la explosión de granadas aturdidoras, un recurso que el gobierno ha optado por prohibir en el marco de las marchas. Por su parte, las autoridades confirmaron que al menos 375 escuelas amanecieron cerradas total o parcialmente, mientras que cerca de dos docenas sufrieron destrozos o incendios.

El conflicto incrementa la presión sobre el gobierno del presidente Emmanuel Macron a pocos meses de las elecciones de abril. El primer ministro, Sébastien Lecornu, condenó la violencia y ordenó a su gabinete presentar un plan de acción antes de que finalice octubre. Sin embargo, los manifestantes desconfían de las promesas oficiales y advierten que mantendrán las movilizaciones hasta ver cumplidas sus demandas.