Estados Unidos llevó a cabo un experimento explosivo químico subterráneo no nuclear en el Sitio de Seguridad Nacional de Nevada, con el objetivo de perfeccionar los mecanismos de detección de explosiones nucleares de bajo rendimiento. Según información difundida por la agencia Reuters, la prueba se centró en la medición de detonaciones «desacopladas», una técnica de ocultamiento que reduce las ondas sísmicas y dificulta la identificación de ensayos clandestinos por parte de los sistemas de monitoreo internacional.
La ejecución del experimento se enmarca en las tensiones de seguridad global y los señalamientos de Washington hacia Pekín, a quien la inteligencia estadounidense ha acusado previamente de realizar pruebas subterráneas secretas de este tipo. Los datos de telemetría e impacto geofísico obtenidos en las instalaciones de Nevada serán procesados por los laboratorios nacionales para actualizar los algoritmos de detección y modelos científicos utilizados en la verificación del cumplimiento de los tratados de no proliferación.
El Departamento de Energía de EE. UU. precisó que este tipo de ensayos no violan la moratoria de pruebas nucleares al utilizar únicamente explosivos convencionales. No obstante, las evaluaciones técnicas fortalecen las capacidades de rastreo avanzado frente a posibles desarrollos de armamento atómico de baja escala por parte de potencias rivales.












