El gobierno de Eritrea rompió formalmente sus relaciones diplomáticas con Etiopía, en una drástica escalada de las tensiones en el Cuerno de África. La decisión se produjo como respuesta directa a la expulsión de 10 diplomáticos eritreos acreditados en Addis Abeba, a quienes las autoridades etíopes acusaron de representar una amenaza directa para la seguridad nacional.
Como parte del quiebre institucional, el Ejecutivo de Etiopía ordenó de manera inmediata el cierre de su sede diplomática en Asmara, la capital eritrea, dejando paralizadas las vías de diálogo formal entre ambas naciones. Las acusaciones de interferencia y riesgos a la seguridad marcaron el colapso del canal bilateral, afectando la frágil estabilidad política y fronteriza de la región.
Este deterioro diplomático reabre las fisuras históricas y la desconfianza mutua entre ambos países vecinos. La ruptura interrumpe los esfuerzos de cooperación regional, elevando las alertas internacionales sobre un posible repunte del conflicto o un estancamiento prolongado en las relaciones políticas e interinstitucionales del Cuerno de África.











