Al menos 10 civiles, en su mayoría menores de edad, perdieron la vida y otros nueve resultaron heridos tras una serie de bombardeos ejecutados por el Ejército de Pakistán en las provincias afganas de Kunar y Helmand. La cifra fue confirmada por la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA), que advirtió sobre el impacto de las hostilidades en la población no combatiente.
Testigos relataron los estragos de la incursión nocturna. Nasir Musafar, residente de la aldea de Chogam, narró que uno de los proyectiles destruyó la vivienda de un pastor local mientras dormía. “Descubrimos que había muerto junto a su sobrino y sus cuatro hijos”, expresó Musafar, quien además indicó que el ataque aniquiló más de un centenar de animales de granja y pidió la atención de la comunidad internacional ante el sufrimiento de las víctimas.
El reporte de la ONU discrepa abiertamente con la postura del gobierno pakistaní, el cual defendió la incursión al asegurar que abatió a 22 presuntos terroristas vinculados al Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) mediante ataques selectivos en los que, según Islamabad, se tomaron precauciones para evitar daños colaterales. Por su parte, las autoridades talibanes en Kabul condenaron la ofensiva y la calificaron como un crimen y una agresión flagrante.








