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Un grupo de activistas ha instalado frente al Parlamento de Polonia, en Varsovia, el primer «abortomat» del país, un dispositivo diseñado para distribuir de forma anónima pastillas abortivas. Las impulsoras de la iniciativa han calificado el mecanismo como un «hackeo» a la estricta legislación vigente, que restringe de forma severa el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo en el territorio nacional.

La máquina expendedora busca eludir las barreras legales y burocráticas ofreciendo un canal directo y discreto para que las personas gestantes puedan acceder a los medicamentos prescritos para la interrupción del embarazo. La acción, colocada de manera simbólica ante la sede del poder legislativo polaco, pretende invisibilizar la censura estatal e intensificar la presión política para exigir la reforma de una de las normativas de salud reproductiva más restrictivas de Europa.

La aparición del dispositivo ha reavivado el intenso debate social y político que atraviesa el país respecto a los derechos reproductivos, generando una fuerte reacción entre colectivos conservadores que exigen la intervención de las autoridades y grupos que defienden la autonomía corporal y la despenalización del procedimiento.