El Secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, encendió un intenso debate político tras declarar una reestructuración profunda en los criterios de reclutamiento militar, afirmando que las Fuerzas Armadas se enfocarán exclusivamente en un perfil de «solo guerreros» y en un sistema estrictamente basado en méritos. Durante su intervención, Hegseth enfatizó un retorno a estándares físicos y disciplinarios más rígidos en el aparato de defensa estadounidense.
El funcionario sostuvo que la institución militar debe ser «ciega al color y neutral en género», señalando que la prioridad absoluta del Pentágono debe ser la preparación operativa y la capacidad de combate. En un tono directo e imitando al presidente Donald Trump, el titular de la cartera militar defendió la necesidad de conformar un cuerpo de tropas caracterizado por la disciplina y la exigencia física, descartando políticas de diversidad implementadas en administraciones anteriores.
Las declaraciones provocaron reacciones inmediatas en el ámbito político e institucional de Washington. Mientras sectores conservadores celebraron la medida como un avance hacia la eficiencia y la cohesión militar, defensores de derechos civiles y diversos legisladores criticaron el discurso por considerarlo excluyente hacia minorías y por el impacto que podría tener en la inclusión y en las metas globales de reclutamiento.







