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Tras más de una década de presencia militar, la alianza internacional antiyihadista encabezada por Estados Unidos pondrá fin a su misión en territorio iraquí. Esta retirada se produce en un escenario geopolítico altamente complejo, condicionado por las tensiones con Irán y los operativos para desarmar a las milicias proiraníes que operan en la región.

La intervención militar comenzó en el verano de 2014, cuando el Estado Islámico llegó a dominar un tercio del país tras el colapso de las fuerzas de seguridad locales. A petición del gobierno de Irak, Washington estructuró una coalición que llegó a desplegar a unos 8 mil soldados.

De acuerdo con expertos y exvoceros de la alianza, los bombardeos estratégicos, el entrenamiento táctico y el asesoramiento militar fueron determinantes para lograr la derrota territorial del grupo terrorista, un hito anunciado formalmente a finales de 2017.

Pese a que el control territorial del yihadismo ha sido desarticulado, especialistas advierten que Irak aún precisa de la cooperación bilateral de las naciones aliadas para garantizar el intercambio de inteligencia, la asesoría especializada y el suministro de equipamiento de defensa.